El vacío después del sexo
Cuando era adolescente, mi mamá tuvo conmigo la conversación sobre sexo que probablemente muchas personas —hombres y mujeres— escuchamos en algún momento.
"Espérate hasta el matrimonio."
"Hazlo con alguien que realmente ames."
"Todavía estás muy chiquita para eso."
Y, sobre todo:
"El sexo sin amor te deja un vacío, así que no vale la pena."
Esa frase nunca se me olvidó.
Crecí en una familia profundamente católica y, al menos en mi caso, la explicación era que muchas personas buscaban llenar un vacío interior a través de "vicios" como el sexo, las drogas o el alcohol. Ese vacío, me decían, no podía llenarse con nada de eso. La única respuesta era Dios.

Con el paso de los años entendí que esa idea puede tener distintas interpretaciones.
Hoy sigo creyendo que muchas personas experimentan un vacío existencial. Sin embargo, no creo que necesariamente tenga que ver con el sexo. Para algunas personas ese sentido de plenitud puede encontrarse en la espiritualidad; para otras, en la autorrealización de la que hablaba Abraham Maslow; para otras, en construir una vida con sentido, sentirse libres o vivir de acuerdo con sus propios valores.
Pero la pregunta seguía ahí.
¿Por qué específicamente el sexo?
¿Por qué tantas mujeres parecían describir esa misma sensación?
Y, sobre todo...
¿Qué era exactamente ese "vacío" del que todos hablaban?
Durante mucho tiempo me pregunté si realmente era una experiencia compartida o si, simplemente, era una idea que muchas personas repetían porque también la habían escuchado.
Conforme crecí, empecé a vivir mi propia sexualidad.
Siempre he sido una persona muy curiosa. Me encantan los temas incómodos, los tabúes y esas conversaciones que parecen prohibidas. Esas preguntas que incomodan en la mesa, que hacen que tus papás cambien de tema o respondan con un "ya hablaremos de eso cuando seas más grande".

Explorar mi sexualidad también fue una forma de conocerme.
Y, honestamente, mi experiencia nunca coincidió del todo con aquella idea.
Hubo experiencias divertidas.
Otras incómodas.
Algunas emocionalmente significativas.
Otras completamente olvidables.
Pero nunca experimenté ese famoso vacío del que tanto me habían hablado.
Lo curioso es que, por un momento, hasta me preocupó no sentirlo.
Pensaba: "¿Me estoy perdiendo de algo? ¿Estoy entendiendo mal mi propia experiencia?" (AKA ¿Acaso soy una ZORRAAA????????)
Hasta que hace poco apareció una idea que no ha dejado de darme vueltas.
¿Y si parte de ese famoso "vacío" del que hablaban tantas mujeres no era necesariamente un vacío emocional?
¿Y si, al menos en algunos casos, simplemente estaban describiendo una experiencia sexual donde el placer femenino nunca fue protagonista... o nunca apareció?
No tengo la respuesta y tampoco creo que exista una sola.
La sexualidad humana es demasiado diversa para reducirla a una única explicación.
Hay personas que disfrutan profundamente el sexo casual.
Hay quienes necesitan un vínculo emocional para disfrutar de la intimidad.
Hay personas demisexuales, asexuales, monógamas, no monógamas...
Cada quien vive su sexualidad de manera distinta, y ninguna experiencia invalida la de otra.
Pero sí me parece interesante observar cómo hemos hablado históricamente de la sexualidad femenina.
Durante muchísimo tiempo, la educación sexual se enfocó en prevenir embarazos, evitar infecciones o decirnos con quién "debíamos" acostarnos.
Y, muchas veces, la conclusión terminaba siendo la misma:
"Mejor abstente."

Mientras tanto, casi nunca hablábamos del placer femenino.
Pocas personas explicaban cómo funciona realmente el clítoris (CLIPtori)
Por qué la mayoría de las mujeres no alcanza el orgasmo únicamente mediante la penetración.
O por qué la comunicación también forma parte de una vida sexual saludable.
Hoy sabemos que existe algo conocido como el orgasm gap.
Si nunca has escuchado ese término, se refiere a una diferencia documentada entre la frecuencia con la que hombres y mujeres alcanzan el orgasmo, especialmente en encuentros heterosexuales casuales (¿¿Serán estas las blue balls femeninas??)
Y esa información me hizo regresar a la frase que escuché durante toda mi adolescencia.
¿Por qué se supone que el sexo deja un vacío?
Entonces apareció otra pregunta.
¿Será posible que algunas mujeres interpretaran como un vacío emocional lo que también podía ser una experiencia sexual poco satisfactoria?
No lo afirmo.
No digo que esa sea la explicación para todas las personas.
Solo creo que es una pregunta interesante.
Porque durante generaciones hablamos muchísimo sobre si las mujeres debían tener sexo.
Pero muy pocas veces nos preguntamos si realmente estaban disfrutándolo.
Y quizá ahí existe una parte importante de la conversación.
Para mí, una sexualidad saludable no significa tener muchas parejas.
Tampoco significa esperar hasta el matrimonio.
Significa conocer tu cuerpo.
Aprender qué te gusta.
Reconocer qué no te gusta.
Poder comunicarlo.
Elegir libremente.
Poner límites cuando sea necesario.
Y entender que el placer también forma parte de la salud sexual.
Tal vez el problema nunca fue únicamente el sexo.
Tal vez también crecimos hablando del miedo, de la culpa y de la moral —y, en mi caso, atravesado además por una fuerte influencia religiosa— mientras el placer femenino permanecía casi invisible.

Escribo esto porque creo que hacer preguntas también es una forma de avanzar.
Cuestionar las ideas con las que crecimos puede cambiar la forma en que entendemos y nos relacionamos con nuestra propia sexualidad.
Porque, al final del día, también mereces vivirla con libertad.
Tienes derecho a conocer tu cuerpo.
A descubrir qué te gusta.
A comunicar lo que necesitas.
A poner límites.
A elegir.
Y también tienes derecho a cuestionar las ideas que heredaste, para decidir conscientemente cuáles siguen teniendo sentido para ti y cuáles ya no.
¿Que opinas? Escribe tu opinión aquí y si te da verguenza de que sea publica, también puedes escribirme en instagram haciendo click aquí :)<3





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