top of page
Buscar

El peso de decir “te amo”

En latinoamerica(y el mundo) tenemos a un filósofo que marcó un antes y un después en la literatura del amor: José José.

Porque si creciste con una mamá en casa o te gusta el bacacho en la peda(o ambas), probablemente entendiste desde muy joven que existe una diferencia enorme entre querer y amar.


“Todos sabemos querer pero pocos sabemos amarrrrrr”, decía él.


Y honestamente… creo que tenía razón.


En español se nos hace muy fácil decir “te quiero”.


Se lo decimos a nuestros amigos, a nuestra familia, a personas que apreciamos e incluso a parejas.


Porque querer habla del cariño.


De lo mucho que disfrutamos a alguien.


De la conexión.


De lo bien que nos hace sentir su presencia.


Pero “te amo”…


“Te amo” tiene otro peso.


Tiene una carga mucho más profunda.


Hollywood nos lo enseñó perfectamente durante años: dos personas mirándose a los ojos, lágrimas, música intensa de fondo y finalmente el famoso:


“I love you.”


Y después de eso viene el beso apasionado, la boda o la escena dramática donde alguien corre bajo la lluvia.


Culturalmente aprendimos que “te amo” significa algo enorme.


Algo casi definitivo.


Como si amar tuviera que ser eterno para ser válido.


Como si amar automáticamente significara pertenencia.


Compromiso absoluto.


Permanencia.


Destino.


Y creo que ahí es donde empieza el conflicto.


Porque amar no debería sentirse como una sentencia.


De hecho, si lo pensamos bien, el amor probablemente es de las experiencias más naturales que tenemos como seres humanos.


Amamos a nuestros padres.


Amamos a nuestros amigos.


Amamos a nuestras mascotas.


Amamos lugares.


Versiones de nosotros mismos.


Momentos.


Y sí, también podemos amar a diferentes personas románticamente a lo largo de nuestra vida.


(No al mismo tiempo, tranquilos ¿o si? Tema de otro blog).


Pero creo que una de las cosas más interesantes de crecer es darte cuenta de que no has amado igual a todas las personas que has amado.


Porque cada amor tiene su propio idioma.


Hay personas que amaste porque te hicieron sentir en casa.


Otras porque despertaron una versión tuya que no conocías.


Otras porque te enseñaron algo.


Otras porque simplemente coincidieron contigo en el momento exacto.


Y eso no hace que uno haya sido más real que otro.


Solo diferente.


Como dirían The Beatles:


“All you need is love.”


Y aunque suene cursi, creo que hay algo muy cierto en eso.


Vinimos a experimentar.


A sentir.


A conectar.


Entonces, ¿por qué nos da tanto miedo amar?


Creo que muchas veces no le tenemos miedo al amor.


Le tenemos miedo al significado que cargamos sobre él.


Porque junto con el “te amo” también aprendimos esta idea de que si amas a alguien, entonces tiene que quedarse para siempre.


Y no necesariamente.


A veces el amor dura años.


A veces meses.


A veces una etapa.


Y eso no significa que haya sido falso.


Creo que una de las ideas más dolorosas —pero también más liberadoras— es entender que algunas personas llegan a nuestra vida para acompañarnos solo un tramo del camino.


Y aun así podemos amarlas profundamente.


Porque el amor no siempre está hecho para durar eternamente.


A veces está hecho para transformarnos.


Y quizá el verdadero problema no es decir “te amo”.


Quizá el problema es todo el peso que aprendimos a ponerle encima.



 
 
 

Comentarios


bottom of page